Dos ancianos tomados de la mano, al igual que ayer, que hoy y que siempre. Se ponen en pie desde el banco donde reposaban y comienzan un nuevo paseo rutinario por aquella plaza de la catedral.
Las palomas pasan desapercibidas ignoradas por todo el mundo y un escritor sentado en uno de los bancos lo capta todo en un papel. Mano bajo su barbilla, con la función de mantener la cabeza con la inclinación justa para observar el lienzo y su pluma. Alza la mirada y solo puede imaginarse como podría haber sido todo en un futuro lejano, si aún conservara a su lado a la chica por la cual aún sigue respirando y, por consecuente, viviendo. Un suspiro se oye entre la gente que pasa a su lado, un suspiro que trae recuerdos, el artista baja la cabeza y contiene el llanto una vez más. La plaza se enmudece y los ancianos simplemente...
desaparecen.
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