Aún así, siempre quedan recuerdos estancados entre esas falsedades, el problema es que la mejor manera de llegar a ellos es dañando el cuero cabelludo y pincharlos, allí donde más dolor cause. Y entonces despiertas, recuperas la poca humanidad que estabas consiguiendo y te das cuenta lo injusta, manipulable y ciega que fuiste mientras dormías.
Lo gracioso es que al hipnotizado no le quedan secuelas de la operación, pero a los que le rodearon durante aquel momento... Les rompe el alma.
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