lunes, 13 de diciembre de 2010

Blancas o Negras.


Puestas las fichas en el tablero podían empezar a jugar. Parecían olvidar que su objetivo era protegerse a sí mismos, sin importar los sacrificios que debían hacer cuando el momento dictara, por momentos no importó cuál de ellos cayera primero, se jugaban más que una partida, se jugaban a su reina. Los primeros movimientos fueron mero cálculo de estrategia: Se miraron a los ojos, supieron que ninguno de los dos haría la primera jugada de manera ofensiva.  Pensaron, quizás, que solo bastaría con esperar una debilidad de su contricante para tomar medidas bélicas.


Sus primeras cartas se encontraban sobre la mesa, boca arriba, sin nada que ocultar, sin segundas intenciones,  como peones marcando las casillas por las cuales transucurriría la inminente masacre.
Alex era un chico tranquilo,  apasionado por las matemáticas y la lógica, en su cabeza rondaban las típicas ideas y sueños que cualquier adolescente podría tener, solía ser ese tipo de personas a las cuales les gusta pisar sobre seguro, sin correr riesgos  innecesarios que puedieran jugarle una mala pasada y  golpear su débil corazón. Sin embargo, sabía que esta vez debería tomar una desición y demostrar a su rival, a sí mismo, y como no, a su reina, que su mal perder no iba a florecer en esta ocasión, estaba seguro de la victoria.
Jack, por su parte, sobresalía y brillaba por su interés por la lectura, cultura en general y las “ciencias” poco exactas, quizás no se tomase aquella partida tan en serio como lo haría su rival pero no ignoraba lo que aquel duelo significaba. No dejaría que su contrincante opacara su inteligencia en un juego tan “simple”.


Sus estilos de juego eran claramente obvios y personalizados, Alex se servía de frases que nada tenían que ver con el tema de forma directa, sin embargo, si las analizabas de forma correcta, se podían distinguir diversos mensajes subliminales en referencia a lo que él consideraba su territorio, pícaros alfiles  ocultos trás sus simples peones, amenazando diagonal e intermitentemente las fichas de su contrario, Jack se mostraba aparentemente receptivo, saltando perpicazmente y de manera continuada, esquivando los ataques ocultos de su enemigo, Alex comprendió que si Jack seguía abusando de sus caballos tarde o temprano tendría su primera amenaza cumplida, su primer Jaque.


Alex notó su corazón acelerarse de manera irracional (muy poco lógico, para ser él),  y jugada trás jugada, con la reina de espectadora, su corazón latía aún más deprisa, tenía mucho que perder en aquel enfrentamiento, sin embargo, justo en el momento que su paciencia parecía completamente brillar por su ausencia, se dijo a sí mismo: “tranquilo, solo es un juego de ajedrez”, de un instante a otro todo le pareció más claro, si no se tomaba aquello como un juego entonces sería claramente él quién independientemente de si ganase o perdiese la partida de aquel pasatiempo, saliese perdiendo en mayor medida.  Su enemigo se mostraba relajado, también el sabía lo mucho que tenía por ganar y lo poco por perder.  


La partida duró horas, ninguno de los dos contrincantes quería hacer sacrificios de piezas innecesarios, sabían que eso no les llevaría a la victoria. El ambiente fue muy tenso por instantes, si uno de ellos hacía un movimiento, el otro lo analizaba de pies a cabeza, buscando intenciones, posibles fallos defensivos o, si fuese necesario, los llamados “cambios de piezas”. Las tácticas seguidas por Jack eran muy simples, pero de mucho temer, sus movimientos azarosos y oportunistas le hacían un jugador más bien decantado al uso de los caballos, pero no siempre es bueno ceñirse solo a una pieza, pensaba Alex, quien quizás conseguiría la victoria acorralando las piezas preferidas de su contrincante pero no sin dejar de avanzar por el tablero, sabía claramente cual era su objetivo: tumbar su rey delante de su reina. 


Los siguientes movimientos de ambos eran letales, a esas alturas del juego solo se podrían esperar masacres, y allí fue cuando Alex se dio cuenta, un ejército con un rey inmóvil siempre perderá, debía tomar una desición rápida y acertada. Su rey salió desde detrás de la línea defensiva que trazaban los peones perfectamente situados en posición de “escalera”, movimiento que Jack no esperaba, y esto le llevó a la perdición.
En una lección de majestuoso juego, inteligencia y cálculos estrategas, Alex logró eclipsar las jugadas de su adversario, dejando a este arrinconado, y citando por fin el ansiado jaque mate.


Jack tuvo que bajar la cabeza ante la expectación de su reina, felicitar a su adversario y retirarse del recinto con la cabeza gacha. Y así fue como aún hoy en día Alex permanece junto a su reina, por la cual daría lo que fuese, incluso su propia vida.



Nicolás Ignacio Correa.

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