Y allí se encontraba, sentado sobre la arena húmeda bajo el efecto de determinadas sustancias, su mirada perdida en el mar hablaba por sí misma. "Seré fuerte al despertarme", pensó relajado por el sonido que producía el vaivén de las olas. ¿Cuán equivocado podría estar?...
Aún vive buscando por qués y escusas completamente ilógicas, intentando evadir la realidad, la cruel verdad que le hace saber que nunca fue nada, quizás un juego del destino, un parche cumpliendo función de tirita para calmar sus heridas.
He de decirte que no hay escusas, es la cruel realidad, nunca te quiso, sino mírate: ¿Tú podrías hacer lo mismo que ella? ¿Verdad que no?. La solución es evidente: llora, sufre, cada vez que te lata fuerte el corazón de nervios sal a tomar el aire y a consumir tu vida en un cigarro, continúa pensando que esto te hace mejor persona, al menos has sido sincero y eso es algo que tarde o temprano alguien valorará, no todos tienen esa capacidad de querer y de entregarse. Debes comprender que cada experiencia en tu vida será la que marque y te lleve por el camino correcto, las habrá buenas y malas, pero el tiempo pone a cada uno en su lugar.
Eres un héroe, y ella... simplemente está perdida, perdónale y olvídale para siempre, pues es realmente esto lo que quiere.
Y entonces sonó el teléfono, y su corazón latió aún más deprisa pensando que aún todo podía cambiar, sin embargo el timbre solo logró despertar al durmiente, liberándolo al fin de su pesadilla.
"Osos mimosos hay muchos, pero ninguno como tú".
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