¿Los planes? Beber hasta la saciedad y salir a mover el esqueleto como antaño.
Tras una horita jugando al "Yo nunca" el Tequila ya se había apoderado de sus ya desacostumbrados cuerpos, y digo desacostumbrados ya que habían pasado prácticamente cuatro meses desde sus últimas salidas. Una vez perdieran la verguenza abrirían la puerta de la casa para disponerse a transladarse en taxi a la zona de fiestas.Besos, abrazos, caricias, gritos, risas y bailes gobernaron la noche, haciendo de ésta un verdadero disfrute a modo de válvula de escape para los jóvenes amigos.
Una vez fulminados, cada uno tomó rumbo a
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