domingo, 9 de enero de 2011

Paseos a pie por la carretera principal.

Una de esas tardes en las que no apetece salir, que apetece más bien un chocolate caliente y camita temprano. Por desgracia (o por fortuna) este no era el caso. En ausencia de tabaco y de algún vicio que me tuviese ocupado, he tenido que hacer caso omiso a mis instintos "barraganes" y salir a darle un poco de color a mi más pálido que moreno rostro. Llegando a la carretera principal me dí cuenta de numerosas cosas: la peatonal se encontraba llena de gente, cada uno con sus propios problemas, caminando indiferentes entre la marabunta, sin levantar la cabeza del firme paso que llevaban. Por otra parte, sabía que no debía entretenerme con aquellos aspectos tan superficiales que se me planteaban mientras caminaba a mi destino.


Una vez llegado al sitio deseado, recogí las pocas cosas que quedaban en aquella vivienda y me dispuse a emprender camino a casa de algún amigo, alguien con quien poder hablar de mis cosas y así de paso, siendo oportunista, conseguir alguna que otra dosis de nicotina para mi cerebro.


Risas, llantos y bromas entre amigos hicieron de la tarde algo peculiar, por un momento, y solo por un momento, llegué a olvidar mis penas. 


Una vez llegado a casa me parcaté que había caminado al menos durante treinta minutos sin quejarme de la ausencia de mi vehículo habitual, lo que me hizo volver a caer en el mismo cuento de siempre y a preguntarme por qué no fui capaz de aprovechar aquellos paseos prácticamente mañaneros a la gasolinera que me hacía dar. Recordé... Y nuevamente una sonrisa me pintó la cara.







"Cuidado con la farola, cuidado con la farola..." .
"Cuidado con el bordillo, cuidado con el bordillo...".

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