El científico y su ayudante parecían estar experimentando nuevamente con vida humana, cosa que no era de extrañar, ya que fueron expulsados del pueblo por esta razón.
Pasaron días preparando aquel experimento, cuando todo estuvo listo, elevaron la camilla metálica hasta lo alto de la torre del castillo, usando la camilla a método de "para rayos", esta última recibió una gran descarga eléctrica proviniente del cielo. Al bajar la camilla, se encontraron con que el experimento había sido un éxito. Aquel "humano" había vuelto a la vida con piezas artificiales, tenía un aspecto horroroso, y parecía no responder a las llamadas de nadie, por donde caminaba sembraba el pánico. Los días pasaron y aquella criatura fue de mal en peor, el monstruo comenzó a devorar personas, sin preámbulo ninguno, sin sentimiento ninguno. Como medida drástica, el científico sacrificó aquel horrendo ser, pegándolo fuego. ¡Hemos creado un monstruo! ¡No tiene corazón!.
Y es que hay gente que aún hoy tiene un poco de "Frankestein", devorando corazones y dejándose llevar por sus impulsos destructivos, una pena que ya no exista la inquisición. ¿No?.

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