viernes, 7 de enero de 2011

Fuegos artificiales.

Era la noche de un cuatro de Julio, ambos querían volver a tener una oportunidad en su vida. Él se acercó a ella por la espalda,  rodeó su cintura con sus brazos, y apoyó su barbilla sobre los hombros desnudos de la mujer. Mirando al cielo, le susurró al oído lo mucho que le quería y le echaba de menos, ella por su parte, sorprendida, puso sus manos sobre las de él y se dejó llevar por el momento.

Y allí quedaron los dos, en silencio, mirando al cielo, disfrutando de la pirotecnia que pintaba el firmamento con diversos colores esperanza.


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