jueves, 30 de diciembre de 2010

Renacer.

Y volví a abrazar a tu madre, choqué el puño con tu hermano y dí un apretón fuerte de manos a tu padre. Allí estaban los tres, tan sonrientes y optimistas como siempre, felices de ser una familia unida y luchando por su vida como el resto de seres.

Entré a aquel sitio, donde pasábamos gran parte de nuestro tiempo, estaba todo tal cual lo recuerdo, excepto tus sábanas, que se hallaban en un lugar poco habitual, lejos de tu sitio de descanso diario. Me alegré al ver a ese gato negro tan remolón sentado en el sillón, viendo como pasa su vida, relamiéndose una y otra vez, y giré la cabeza hacia el sofá-cama y los ojitos de esa gatita que tanto me gusta se clavaron en mi corazón, estaba todo igual: Tus gatos, tu familia, tu sitio, yo, pero faltabas tú.

Empecé a sonreír al ver lo cómodo que me encontraba en aquel ambiente, sin pararme a pensar que no hacía muchas horas estaba totalmente aterrorizado con la idea de pisar aquel sitio. Aquella situación revivió mis sentimientos, los grabó a flor de piel y ahora puedo decir que estoy bien, estoy bien sabiendo todo lo que he ganado, estoy bien porque vi esperanza en cada rincón de tu habitáculo, en el aire se pudo respirar tranquilidad y esperanzas. Finalmente, me despedí pero no sin dificultades de romper a llorar de felicidad, quizás pronto vuelva a sentir esa sensación, o quizás... no. El tiempo todo lo dirá, el tiempo, y mi firme amor.

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