Ella cayó en el sillón-cama de un fuerte pero apasionado empujón propinado por su pareja, él dejó caer con cuidado su peso sobre el bellísimo cuerpo de su amada, por unos instantes parecieron compenetrados, parecieron un solo ser.
Cada caricia elevó el amor y el placer al infinito, él dedicó los primeros momentos a besar parte por parte su cuerpo, mientras tanto, ella arqueaba su espalda como si se estuviese doblando de placer, cogió su cabeza con las dos manos y la elevó hasta donde se encontraba su boca. Finalmente terminaron aquella faena como debió de ser. Ella lo abrazó y le musitó al oído un caluroso "Te amo", recostándose sobre su pecho hasta quedar ambos dormidos, aprovechando cada uno el calor de su media naranja para protegerse del frío de la noche.

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